Aprender de nuestras emociones gracias al Coronavirus

Aprender de nuestras emociones gracias al Coronavirus

Situaciones como la que estamos viviendo en este momento con el Coronavirus, en la que se tambalean muchas de las cosas que conocemos y con las que nos sentimos cómodos, nos pueden hacer aflorar emociones muy dispares, pero ¿es posible sacar aspectos positivos de esta crisis?

En primer lugar, se me ocurre que podemos aprender mucho de nosotros mismos en esta situación. En los últimos días he visto a mucha gente tener reacciones muy variadas ante los mismos hechos, y esto se debe a nuestras diferentes estrategias de afrontamiento. ¿Te has parado a pensar en cómo has reaccionado al decirte que permanezcas en casa? ¿Qué has sentido ante la posibilidad de contagiarte o que se contagien tus seres queridos? ¿Te has planteado un plan de acción? ¿Has negociado con personas de tu entorno alguna medida a adoptar? ¿Te has enfadado por tener que enfrentarte a esta situación en este momento?

Todas estas respuestas y muchas más son parte de lo que eres y de cómo reaccionas ante situaciones desconocidas o incluso adversas, y es información valiosísima para el autoconocimiento y para la reflexión. El hecho de saber cómo somos y cuáles son nuestros patrones de pensamiento y de reacción nos puede ayudar a decidir si esos patrones son útiles, adaptativos, y por tanto, si queremos mantenerlos, o por el contrario, si son patrones que nos lastran y nos impiden tomar decisiones inteligentes en cada momento.

Aprender de nuestras emociones gracias al Coronavirus 1

No olvidemos que EL SER HUMANO SIEMPRE TIENE LA CAPACIDAD DE DECIDIR APRENDER de las situaciones que se le plantean, y dependerá de nuestro nivel de consciencia tomar esa decisión o enfrentarnos a la realidad como Kamikazes.

Y con esto no quiero decir que no sea lícito sentir miedo o rabia, al contrario, es completamente normal, y tener alguna manera para expresarlo y hablar de ello es muy saludable. Lo que no es saludable es que tomemos decisiones en función de una emoción no consciente, es decir, que sea nuestra emoción la que nos haga elegir una opción u otra. Si sentimos esa emoción desagradable y la hacemos consciente, podremos gestionarla de forma que no sea ella quien decida por nosotros lo que es conveniente hacer. No se trata de evitarla, ni se trata de ahogarla en el fondo de nuestra mente para no sentirla; se trata de aceptar que la sentimos, que es normal tener emociones de este tipo ante esta situación, dejar que se manifieste, hacerla consciente, y una vez hemos llegado a ese punto, decidir cómo queremos actuar en la medida de nuestras posibilidades.

Por ejemplo, hace unas horas tuve una conversación con una persona que a día de hoy sigue manteniendo que estas medidas son exageradas y que no hace falta ponerse así por “una simple gripe”. Obviamente su estrategia de afrontamiento pasa por la negación, ya que pensar en que esto no es un simple virus estacional y que puede pasar algo serio a él mismo o a algún miembro de su familia, le da tanto miedo, que no está dispuesto a aceptarlo. Pero el problema no es ese; el problema real es que la decisión que toma basándose en esa emoción no consciente, y por tanto no gestionada adecuadamente, es irse unos días a un hotel con sus hijos de vacaciones para aprovechar los días libres. ¿No sería más sano pararse a pensar qué hay detrás de esa decisión? ¿Reflexionar de manera consciente acerca de cómo hace frente a esta situación adversa?

Aprender de nuestras emociones gracias al Coronavirus 2

Cuando miles de personas saquean supermercados en busca de papel higiénico y demás productos de forma masiva, ¿No es una reacción producida por el miedo mal gestionado? ¿No será que, ante el miedo, es más fácil hacer algo, lo que sea, que evite que me pare a pensar? Aunque eso sea salir a la calle a vaciar estanterías o ir de supermercado en supermercado buscando el último tetrabrik de leche.

Y ¿Qué me dicen de la rabia? ¿No conocen a nadie que haya reaccionado echando la culpa al Gobierno, a las farmacéuticas, a los chinos,…? Esto no es más que otro ejemplo de una emoción poco escuchada y por tanto, mal gestionada. Sentimos rabia ante algo que nos tambalea la vida y necesitamos tener a alguien a quien culpar y contra quien desahogar nuestras frustraciones, pero, ¿realmente nos sirve de algo? Aceptar que sentimos rabia, que estamos asustados y que nos molesta no tener el control de lo que nos ocurre es el primer paso para avanzar; y si tenemos que avanzar con esa rabia o ese miedo, pues adelante, avancemos, pero seamos nosotros los que decidimos en qué dirección.

Aprovechemos estos momentos para quedarnos con lo positivo, para tomar decisiones sanas y productivas, para pasar tiempo en casa con nuestros seres queridos, para escucharnos y entendernos a nosotros mismos, y eso nos ayudará a salir reforzados de esta situación.

 

 

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